El periodismo se vuelve contra Ayuso tras reincidir poniendo en duda la continuidad de Telemadrid

El periodismo se vuelve contra Ayuso tras reincidir poniendo en duda la continuidad de Telemadrid

Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a poner en entredicho a Telemadrid y su función de servicio público. Lo ha hecho en una intervención en el programa ‘La noche en 24 horas’ donde ha insistido en que no todos los medios de comunicación públicos son esenciales. Unas declaraciones que han reabierto nuevas heridas y que ha provocado las críticas de los profesionales del sector.

De hecho, la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha emitido un comunicado en el que vuelve a defender a Telemadrid, como ya ocurrió en el mes de septiembre cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid cuestionó por primera vez la labor de la Radio Televisión madrileña. Desde la asociación presidida por Victoria Prego ha catalogado a Telemadrid como una “televisión pública madrileña independiente y transparente, gestionada con rigor y austeridad, con una financiación suficiente para cumplir sus misiones de interés general y con unos servicios informativos neutrales, plurales y comprometidos con la veracidad y la imparcialidad”. 

Ayuso, además, ha sido entrevistada por Carlos Alsina en Más de uno donde ha insistido en la idea, pero ha matizado sus palabras, asegurando que “no está en contra de las televisiones autonómicas”. Únicamente pide que cumpla con los criterios de austeridad que se le exigen a otros sectores como los hospitales.

No obstante, ha asegurado que para ella sería más cómodo controlar Telemadrid y que le hagan la ola constantemente: “Tengo que cuestionar lo que es viable y necesario. Esencial no es, pero sí importante”.

No han sido los únicos que han velado por la defensa del periodismo. La FAPE también ha respaldado este comunicado con el objetivo de mantener una férrea defensa de la televisión pública madrileña. A esta oleada de quejas se ha sumado la Academia de la Televisión, que ha emitido un comunicado en defensa de la televisión de proximidad: «Su labor es clave para la dinamización del sector audiovisual en cada autonomía, la creación de empleo en dicho sector, y cómo no, en momentos de especial transcendencia informativa como los diferentes procesos electorales».

Una vez más, el revuelo provocado por las declaraciones de Ayuso ha provocado reacciones como las de José Pablo López, director general de RTVM, quien ha contestado a la líder del PP asegurando que las televisiones públicas nunca podrán ser sustituidas por Netflix o plataformas similares: “Es una cuestión de calidad de nuestra democracia. Disponer de una información neutral y no mediatizada por intereses económicos o partidistas es, más que nunca, una necesidad básica”.

Ayuso culpa a HBO y Netflix de que Telemadrid ya no sea «un servicio esencial»

Ayuso culpa a HBO y Netflix de que Telemadrid ya no sea
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante su intervención en la inauguración de la V edición del Summit Shoppìng Tourism & Economy Madrid celebrada este lunes en CaixaForum. EFE/Javier Liaño

Ayuso culpa a HBO y Netflix de que Telemadrid ya no sea «un servicio esencial». La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha justificado esta afirmación en la «gran fragmentación de la oferta informativa y televisiva» provocada, en parte, por las plataformas de pago.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha insistido en que Telemadrid «ya no es un servicio público esencial» y lo ha justificado por la «gran fragmentación de la oferta informativa y televisiva» debido en parte a la existencia de plataformas como «HBO y Netflix».

En una entrevista en el canal de televisión 24 horas, Ayuso ha dicho que «los medios públicos son esenciales», pero «ahora mismo no todos los medios de comunicación lo son«.

En su opinión, esto ocurre en el caso de Telemadrid, la televisión pública madrileña, que «ya no es» un servicio público esencial debido a la «gran fragmentación de la oferta informativa y televisiva».

«Tenemos grandes fragmentaciones de la audiencia: tenemos televisiones de pago, audiencias fragmentadas por Internet, HBO, Netflix…», ha añadido.

En segundo lugar, Ayuso ha abogado por «procurar los mejores servicios públicos con los menores impuestos, teniendo en cuenta que una televisión como Telemadrid son 80 millones (de euros) al año y lo sufragan los ciudadanos».

«Pido austeridad y que cumpla con las cuentas, que por ahora es lo que está haciendo», ha apuntado Ayuso, que considera que «lo que nunca podría parar de funcionar es un hospital, el metro o un colegio. Esos son los servicios públicos que catalogo como esenciales por ese motivo», ha añadido.

El viaje de la prensa en busca de un nuevo modelo de negocio

Elmundo.es – EDUARDO FERNÁNDEZ – Madrid- 1 nov. 2018

FOTOMONTAJE: LUIS PAREJO | FOTOGRAFÍAS: GETTY IMAGES
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Los medios se replantean su negocio más allá de la publicidad: se extienden alternativas para cobrar por las noticias -y sostener el periodismo-, como ya ha ocurrido en EEUU.

Hay una noticia fundamental a la que la prensa dedica equipos y recursos. En un concienzudo trabajo de investigación del que poco o nada se publica, los medios se interesan por su propio futuro, que empieza por la supervivencia. El sector se mueve, como apuntaba recientemente A. G. Sulzberger: «La publicidad nunca será suficiente para pagar el periodismo de calidad». El editor, con 38 años de edad y menos de 12 meses al frente de The New York Times, encarna la quinta generación de una familia que controla ese diario desde finales del siglo XIX y, tras un largo viaje, ha llegado a la misma conclusión que sus antepasados: el periodismo tiene un precio.

Para costearlo, esa cabecera confía en un sistema de suscripciones digitales que en verano ya llegaba a 2,9 millones. Las diferencias con el pasado, no obstante, existen: del niño con gorra que grita ¡extra, extra! a la pantalla conectada: «Llegará un día en el que [The New York Times] sea una organización de noticias solamente digital», pronosticaba Sulzberger en el foro New Establishment Summit.

En un entorno cambiante, los medios se replantean el modelo de negocio y diversifican sus fuentes de ingresos más allá de la publicidad; así lo hacen The Washington Post, The Economist, Wired, Vanity Fair, Le Monde, The Telegraph, Le Figaro, Financial Times, La Stampa, Corriere della Sera, Bild, Los Angeles Times, The Boston Globe, The Wall Street Journal o De Correspondent, que sin recurrir a anuncios y en un mercado tan localizado como el holandés ha superado los 60.000 suscriptores en sólo cinco años.

El llamado muro de pago, que impide el acceso a quienes no se hayan suscrito a la publicación online de turno (por ejemplo Financial Times), ha inspirado construcciones menos duras, más porosas. Estas adoptan la medida del metered paywall (como el de The New York Times), que establece un tope de noticias gratuitas y cobra desde que se ha cumplido ese cupo. Además, ha surgido un modelo freemium que permite la consulta gratuita de algunos de los contenidos pero no de otros (La Stampa se encuentra en este grupo). Otros prefieren tejer una malla de socios o miembros, como The Guardian, que ya ha recopilado aportaciones económicas de más de 800.000 usuarios y ha pasado a ingresar más de los lectores que de los anunciantes.

¿Qué justifica esta tendencia? Para quien aún no lo sepa, de los ingresos por publicidad online, los principales buscadores y redes se llevan la mayor tajada; Google más que nadie. Como plasmaba semanas atrás The Lenfest Institute for Journalism, en 2012 el gran buscador empezó a ingresar más dinero que todos los medios impresos de EEUU juntos. «Los editores sólo se llevan una pequeña parte [de la publicidad] y carecen de poder de negociación frente a los gigantes tecnológicos», resumía ese análisis sobre internet.

Por eso, a día de hoy el 78% de los periódicos estadounidenses cobra por el acceso online: un 80% de estos combina un metered paywall y publicidad online, mientras que un reducido 4% se decanta por la opción del paywall. Algunos muros metered o porosos que han demostrado su funcionamiento, como el de The New York Times, han decidido fortalecerse: la denominada Dama Gris ha pasado de permitir la consulta de 10 artículos mensuales a dejar abiertos sólo cinco. En Europa, la modalidad freemium ha encontrado un terreno propicio.

Quienes han fiado su suerte a la de Google y compañía, con una renuncia tajante al modelo de pago, no han prosperado como se preveía. El informe Digital News Project elaborado por Reuters para 2018 recogía en ese sentido el ejemplo de BuzzFeed o el de Mashable, que ahora hace un año cerró su venta por debajo de las expectativas. Por su penetración y capacidad, buscadores y redes sociales acaparan los ingresos publicitarios de los anunciantes, que cuando destinan su dinero a los editores pagan un precio mucho menor. Según indica Adweek, le dan a Facebook un 800% más que a un medio online. Ahora bien, los contenidos de ese tipo de plataformas dependen de los de terceros. Sólo hay que teclear google.com y empezar a buscar.

Los editores que pretenden cobrar por sus contenidos se afanan en mejorar su oferta, con productos que van desde las newsletters hasta los podcasts, pero por lo general se focalizan en un mismo objetivo, su prioridad histórica: la del periodismo. Si el lector no paga, quizás al menos se registre. En esta época los datos se han demostrado oro puro. De hecho, Google y Facebook han podido desplegar verdaderos imperios gracias a su conocimiento del usuario. La consultora eMarketer estima que este año ambas compañías amasarán un 56,8% de las inversiones publicitarias digitales en EEUU. En 2017, GroupM cifraba el gasto inyectado en ambas en un 84% del dato global, excluido el mercado chino. Así las cosas, surgen voces que claman contra lo que vienen a tachar de duopolio, un banquete pantagruélico para dos comensales en el que todos los medios deben conformarse con las migajas. Y Amazon llama a la puerta del festín, con hambre atrasada y la previsión de ingresar más en publicidad que Twitter y que Snapchat.

FOTOMONTAJE: LUIS PAREJO | FOTOGRAFÍAS: GETTY IMAGES
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A día de hoy el 78% de los periódicos estadounidenses cobra por el acceso online

Un 62% de los responsables de medios preguntados en el Digital News Project expone que la publicidad va a perder importancia como fuente de financiación y, en esa misma línea, uno de cada 10 de esos directivos admite preparar un proyecto de negocio sin anuncios o con muy pocos. Asimismo, el 44% de los encuestados se manifiesta más preocupado que un año antes por las nuevas plataformas. La misma proporción, un 44%, considera las suscripciones una fuente de ingresos digitales muy importante. Ante ese relato, parecería claro el camino a seguir, pero otra encuesta del equipo de Reuters, ésta de 2017, exponía que el 79% de los lectores veía poco probable pagar por la información online.

Los editores recelan de Google, Twitter, Snapchat y Facebook, en orden creciente de sospechas. Esta última compañía, señalada por fugas de datos como la del caso de Cambridge Analytica, ha perdido algunos apoyos entre los medios: en primer lugar, a raíz del ingente número de fake news al que ha dado cobijo; últimamente, por priorizar en el newsfeed de cada usuario el contenido que haya generado interacciones entre sus contactos, en detrimento de informaciones de los medios, que han perdido presencia en esa red social para más de 2.200 millones de personas.

Huelga decir que a Facebook le interesa más surtir de publicidad su plataforma que la de terceros, a los que prefiere cobrar como un cliente, se trate de un diario online o de cualquier otra empresa. Paralelamente, los editores han tenido oportunidad de comprobar que el tráfico que reciben procede en mayor medida de Google que de Facebook (un 42% frente a un 15% en España, Alemania y Reino Unido, según cifras de la consultora Sistrix de finales de 2016).

A diferencia de Facebook, Google ha recabado respaldos en el sector de la prensa, gracias a la financiación de distintos proyectos periodísticos. Por poner un ejemplo concreto -y rocambolesco-: el mencionado Digital News Report, en el que precisamente se avisa del auge del modelo de suscripciones, está financiado por la compañía de Mountain View.

Indirectamente, Google ha dado alas al modelo de suscripciones. Al desechar hace un año su política de First Click Free, los diarios no tienen por qué ofrecer artículos gratis en ese buscador. Con el vuelco, la información de pago ha ganado visibilidad. Los editores han tomado nota. El cobro no queda condenado al ostracismo.

Al fin y al cabo, las simpatías de los medios responden más a cifras que a emociones: los analistas de Chartbeat subrayaban este mes que, desde enero de 2017, el tráfico móvil que llega de Facebook a los medios ha descendido en torno a un 40%, mientras se duplicaba el procedente de Google. En España, este buscador acapara el abrumador 96,94% de las búsquedas, según la herramienta StatCounter.

Hay que revisar una vez más aquello de Spain is different. El Mapa de los cibermedios, trazado por los profesores Ramón Salaverría, María del Pilar Martínez-Costa y James Breiner, refleja que en 2018 ya hay más de 3.000 medios digitales activos en España, donde 2.498 (81,5%) recurren a los anuncios. Sin embargo, «la financiación de los medios digitales en este país ya no sólo depende de la publicidad«, una vía de negocio que empieza a combinarse con otras como el patrocinio público (574 medios y un 18,7%) y el modelo de suscripciones (363 y un 11,8%). Para los menos memoriosos, «hace apenas una década imperaba la idea de que nadie pagaría por noticias digitales, especialmente en España», apunta el estudio. Cabeceras regionales como las del grupo Vocento ya se han atrevido a cobrar.

El ciudadano lee y se informa, para tranquilidad de los periodistas. La encuesta Navegantes en la Red de AIMC destaca la consulta de noticias como la actividad más común entre los internautas españoles, con un 84,6% de penetración. Cada vez hay más smartphones y confianza en el pago online; también rechazo a los anuncios: un 74,6% de los encuestados deja de visitar una web si ésta presenta excesiva publicidad y a un 69,9% le molesta especialmente en internet, más que en otros medios. Por eso, se ha popularizado el uso de bloqueadores de publicidad o ad-blockers, otra invitación a los diarios online a que pongan distancia con un modelo basado únicamente en publicidad.

Hay en quién fijarse. Sólo hay que observar el ámbito audiovisual, con Netflix, o el de la música, con Spotify. De acuerdo a las predicciones de Deloitte, en 2018 habrá en los países desarrollados 20 millones de suscripciones de adultos a plataformas de noticias. Los millennials no se quedan atrás: móvil en ristre, aguardan en la estación a la que se dirige este tren, con A. G. Sulzberger en el vagón de The New York Times. En Europa y en España, tal y como ha recogido esta semana el Pew Research Center, los jóvenes se informan por internet y no a través de la televisión, como los mayores. Además, el nuevo lector confía en las redes pero también en las páginas de los medios tradicionales.

Menos de un año después de la elección como presidente de Donald Trump, publicaciones norteamericanas como The New Yorker y The Atlantic habían doblado sus bases de abonados jóvenes. Quizás en España no haga falta llegar a esos extremos.

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